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El mantenimiento de las piscinas comunitarias constituye una responsabilidad técnica crítica que va mucho más allá de la limpieza visible del vaso. Se trata de un sistema complejo que integra instalaciones hidráulicas, equipos de tratamiento de agua, elementos estructurales y protocolos operativos cuyo correcto funcionamiento es esencial para garantizar la seguridad de los usuarios y la durabilidad de la instalación.

La garantía técnica comienza con el correcto estado del sistema de recirculación y filtración. El Real Decreto 742/2013, que establece los criterios técnico-sanitarios de las piscinas en España, exige que el agua sea filtrada y desinfectada de forma continua durante los periodos de uso. Esto implica verificar el estado de bombas, prefiltros, válvulas selectoras, colectores y filtros (generalmente de arena o vidrio filtrante), así como comprobar la ausencia de fugas, pérdidas de carga anómalas o ruidos que puedan indicar desgaste mecánico.

Igualmente crítico es el sistema de desinfección. El cloro, en sus diferentes formas (hipoclorito sódico, electrólisis salina o dosificación automática), debe mantenerse dentro de los rangos establecidos para evitar riesgos microbiológicos sin generar efectos irritantes. La dosificación manual ha sido progresivamente sustituida por sistemas automáticos con sondas de medición de cloro libre y pH, que permiten un control más preciso y reducen el riesgo de error humano. Estos equipos deben calibrarse periódicamente para garantizar la fiabilidad de las mediciones.

Otro aspecto fundamental es la integridad de los elementos de seguridad física. Rejillas de fondo, skimmers, rebosaderos y sumideros deben cumplir las normas UNE-EN aplicables para evitar riesgos de atrapamiento o succión. Asimismo, escaleras, duchas, playas perimetrales y pavimentos antideslizantes deben revisarse para prevenir accidentes por caídas.

La garantía técnica también incluye la correcta puesta en marcha al inicio de temporada. Tras meses de inactividad, es imprescindible realizar operaciones de limpieza profunda del vaso, comprobación de estanqueidad, revisión de cuadros eléctricos, verificación de temporizadores y arranque progresivo de los sistemas de tratamiento. Una puesta en marcha deficiente puede provocar proliferación de algas, deterioro de materiales o averías prematuras.

El mantenimiento preventivo es el enfoque más eficaz para asegurar la continuidad operativa. Frente al mantenimiento reactivo —que actúa cuando el problema ya se ha producido—, la planificación preventiva permite anticipar fallos, reducir costes y evitar cierres inesperados. Esto incluye revisiones periódicas documentadas, registros de parámetros del agua y protocolos de actuación ante incidencias.

Desde el punto de vista de la responsabilidad legal, la comunidad de propietarios es titular de la instalación, pero el mantenimiento suele delegarse en empresas especializadas. Por ello, es esencial contar con proveedores cualificados que acrediten formación técnica, seguros de responsabilidad civil y conocimiento de la normativa vigente.

En definitiva, la garantía técnica no es un elemento accesorio, sino el pilar que sostiene la seguridad sanitaria, la fiabilidad operativa y la tranquilidad de los usuarios. Una piscina correctamente mantenida no solo ofrece mejores condiciones de baño, sino que preserva el valor de la instalación y minimiza riesgos técnicos y legales a largo plazo.